El nuevo fenómeno High School Vampire


Los fenómenos de la cultura pop adolescente estallan con aviso. Son, en su gran mayoría y casi sin excepción, productos de diseño, bebés de probeta a los que se ve venir desde lejos: el rumor se esparce como un virus en las librerías, aulas, patios de colegios, páginas web y blogs de fanáticos.

Agotado Harry Potter, las editoriales y estudios cinematográficos buscan con desesperación quien venga a ocupar el lugar que J. K. Rowling dejó caliente y vacío. Muchos lo intentan y hasta ahora casi ninguno puede decir que lo haya conseguido del todo. “Casi” porque la sucesión del trono se comprueba una vez que la historia candidata en cuestión ya va por su secuela o tercera entrega y se muestra vigente.

Twilight (o Crepúsculo) recién va por su primera película, pero se perfila con fuerza como sucesora de la saga del niño-brujo. La fórmula es casi idéntica salvo por pequeñas diferencias: en vez de haber varitas mágicas, sombreros negros en punta, magos barbudos y mucho abracadabra, abundan las caras pálidas de los vampiros sedientos de sangre, aunque escasean los colmillos.

Como Rowling, su autora, Stephanie Meyer, era una completa desconocida hasta que salió el primer libro en octubre de 2005. Estadounidense, mormona y ama de casa con tres hijos, cuenta que la trama se le ocurrió en un sueño: el amor imposible y adolescente entre Bella Swan y el vampiro Edward Cullen.

La saga ya vendió 17 millones de ejemplares en todo el mundo, la franquicia tiene cuatro continuaciones (Luna nueva, Eclipse, Amanecer y Sol de media noche, una novela paralela) y todo Estados Unidos habla de estos vampiros adolescentes y vegetarianos que escuchan a Debussy desde su estreno el pasado 23 de noviembre. Aquí llegará el 1 de enero de 2009.

Si se abandona el frenesí mediático, las decepciones arrecian en la oscuridad de las salas de cine, porque la directora Catherine Hardwicke no hace más que plasmar los lugares comunes de tiras juveniles: Bella (Kristen Stewart, la chica que parecía chico en Panic Room) se muda a una nueva ciudad, emprende una relación con un padre distante y se enamora de un chico freak, el vampiro. Casi un drama adolescente sin drama.

Como en High School Musical, la nueva escuela a la que asiste la protagonista carece de conflictos. No hay problemas raciales, no hay violencias y no hay distintos, salvo por ellos, los Cullen, un grupo de estudiantes que se apartan de la manada y pretenden darle dinamismo al film.

Falta, al igual que en el libro, lo más atractivo del género: la tensión sexual entre el vampiro y su cena (o su potencial pareja humana), la violencia latente y la ambigüedad sexual de sus protagonistas. Nada de eso hay en Twilight. Los vampiros –que por minutos asoman su poder sobrehumano– al parecer no tienen pasado ni complejidades. No hay misterios. Desde el comienzo (la primera página, el primer fotograma), el espectador sabe quién es quién. Y cuando la protagonista se entera de que Edward es un vampiro, ni se espanta.

No es el monstruo de Anne Rice (Tom Cruise en Entrevista con el vampiro), el sigiloso de Nosferatu, el heroico de Underworld, el engominado tipo Bela Lugosi ni el clásico de Bram Stoker. En Twilight son vampiros en clave Cris Morena: asexuados (sólo hay dos besos), de maquillaje perfecto, deportivos y con galancito de look a lo James Dean, jopo empinado y mirada de constipación permanente.

“Soy el predador más peligroso del mundo; estoy diseñado para matar”, dice él, de eternos 17 años. “No me importa”, responde ella, especie de Nancy Drew, que sólo quiere ser mordida.

A diferencia de Harry Potter, en Twilight –versión light si se compara con el hitazo vampírico del momento, la serie de HBO True Blood– no hay mitología, no hay sordidez, ni siquiera superefectos especiales (la película apenas costó 37 millones de dólares). Estos vampiros más bien funcionan como espejos: una superficie donde los adolescentes pueden ver reflejada su inmadurez psíquica, su narcisismo y sus berrinches infantiles aún latentes.

Estadísticas y trivia para fans

* El primer libro estuvo 30 semanas consecutivas al tope de la lista de best sellers del New York Times.

* El film recaudó 70 millones de dólares en el primer fin de semana en Estados Unidos.

* Más de 5.000 actores audicionaron para el papel del vampiro Edward.

* Los actores elegidos tenían que ser pálidos. En el contrato se estipuló que no debían tomar sol.

* El guión fue terminado en sólo seis semanas.

* En Japón ya tiene su versión manga.

* La directora Catherine Hardwicke ya fue echada de la saga y no dirigirá la secuela, New Moon, por “difícil e irracional”, según los productores.

* Las ilustraciones de las tapas de los libros no son azarosas: en Crepúsculo las manos de Edward sostienen una manzana, la fruta prohibida que es Bella (muy Adán y Eva). En Luna nueva, la rosa despintándose es el alma de Bella perdiéndose por la ausencia de Edward. En Eclipse, el listón que se rompe significa la amistad de Bella y Jacob destruyéndose por el regreso de Edward. Y en Amanecer, el peón rojo es Bella en su forma humana y la reina es Bella en su forma de vampiro.



Fuente: Criticadigital.com

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